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lunes, 17 de junio de 2013








Me casaría con vos en una de esas tribus Amazónicas con personas que andan desnudas pero pintadas con girones de colores, borracho de mezcal hasta el vómito. Ahora cierro los ojos y te veo con el cigarrillo de flor en la boca listo para curar todo, justo después del “sí quiero”.

jueves, 13 de diciembre de 2012



















Recuerdos y botellas vacías  fue lo mejor que dejo aquella fiesta. Mientras limpio las manchas de vino que quedaron en el piso, se me ocurre pensar que tal vez me detuve en vos demasiado tiempo.

domingo, 18 de noviembre de 2012



Hoy podría a ver sido un día de sol, para no pensar, para perderme en  las islas del Paraná y no pensar, quedarme en la lontananza encandilada y no pensar, pero no: llueve. Yo miro el agua caer desde el balcón y la siento aburrida sin vos. El balcón se inunda y hace flotar los filtros de los puchos de anoche. “Algunos son de los que te fumaste vos”, pienso y me dan ganas de abrir un porroncito por más que no haga ese calor digno de porron.
Por momentos pienso que nuestro precario juego de noviecitos hubiese merecido su final de película indi: subirme a un taxi y seguirte o gritarte que no te vayas en plena avenida, pero claro, con el charme clásico de una estrella de hollywood.
Me hubiera gustado que se jugaran otras cartas, no se... menos cuatro de copa y mas espada, o que hoy haya sol, pero no, sigue lloviendo.

sábado, 17 de noviembre de 2012


Hoy limpie el balcón (en ocho meses, que es el tiempo que vivo en este departamento). Con la única intención de sentarme ahí a fumar con vos, pero no viniste. No me decepciona, no. Ahora escucho Felete y destapo mi tercer porron.

jueves, 20 de septiembre de 2012








Que llueva cómo está lloviendo justo cuando vos sos vos sin mí, me hace arañar con los dedos el barro que se formo en el balcón por no barrerlo nunca. Si esta lluvia hubiese caído en agosto, me pregunto si el balcón estaría limpio y  Bessie Smith no sonaría a todo volumen la mayor parte del día. 

jueves, 24 de mayo de 2012










Me gustaría tener sus ojos acá, su pecho acá, sus brazos acá. Sentarnos en el suelo en pose india y tener su cabeza sobre mis piernas. Dejar que el viento nos despeine, ver como se enmaraña la tierra entre sus rulos revueltos de tarde.
Sentirnos aborígenes con nuestros pies descalzos sobre el pasto. Toda la ciudad atrás, ya distante. Pensarnos salvajes lejos de los taxis y los colectivos y la gente, sobre un parque de sutil arquitectura neo.  Vernos como analfabetos liberados de las burocracias de las civilizaciones, mientras nos miramos y caemos en una cursilería de gestos, de pequeñas miradas cómplices; sumergidos en un pedacito de verde perdido entre tanto urbanismo enardecido.
Enredar mis dedos en sus pelos, ver como se anudan mis manos en sus rulos, sentirme atrapado, que él me reclame que lo suelte. Todo irá sucediendo mientras esa señora pasea al perro, ese rio crecido trae ramas, este árbol se desprende de una hoja. 

lunes, 30 de enero de 2012


Yo.
El esta bronceado siempre, de pelo tan lacio que se les sospecha planchita, se refiere a Nueva York con naturalidad, como si dijeran “el otro día en Funes”. En su depto de sutiles líneas Neo tienen un plasma de tantas pulgadas que te cagas encima. Para el “pensar” es un bonus track, no necesita hacerlo para sobrevivir: cada gramo del capitalismo está hecho para él. Tiene un devenir prefabricado y camina por el microcentro suelto de conflictos, con una liviandad de paloma y su rubio 230 de keleston en los pelos. El es Emiliano, yo los miro desde su somier y pienso que si sería así no soportaría muchos domingos más.
Él.
Él y su 230 de koleston salen en busca de las mejores ofertas de Prada y Gucci; pero sin embargo le sigue faltando algo. “Ese” algo que ni con las mejores prendas de Channel podría tapar.
Sigue su camino por el medio de tanto capitalismo sin darse cuenta que lo único que necesita para llenar ese Dior de unos cuantos euros, son un simple choripan de la costanera junto a su proletario que le habla de Peron mientras cuelga su mirada en la lontananza del río.
Yo.
Mi paraguas roto ahora es hermoso de otro modo. Lo abro para ir hasta el kiosco de la esquina y el feliz de haber devenido en desgracia después de la última tormenta.
Si estuviera con vos, seguro nos tiraríamos en la cama y nos hundiríamos en el aire acondicionado y me perdería de compartir momentos como estos con mi paraguas que está hecho un pobre cachivache. Yo lo quiero igual.
Él.
Aún cuando la cena en la costanera seguía en pie, él la postergo para salir a recorrer livianamente el centro con su paragua y retroceder a los viejos recuerdos de aquel frío invierno. “Kiosco a la vista”, gritaron y fueron en busca de una bolsita pensando que les iba a devolver lo que una vez fueron.
Ya, cansado y con su 230koleston desteñido, añadió un "te quiero" muy sutil y sumiso, que hiso revolver la esquina de Córdoba y Laprida.
Yo.
Oh! Qué hermoso. Pero yo no quiero que tu 230Koleston este desteñido. Quiero ser tu Sedal, tu Head and Shoulders. Y que todo tu burgués rubio brille en la costanera mientras comes tu pedacito de grasoso Perón.

lunes, 6 de junio de 2011


A veces te volves todo ojos oscuros brillantes y no sé qué hacer cuando me miras así. No digo nada, nada mas empiezo a besarte. Y hay que ver siempre cómo se escapa la luz del día por atrás de un edificio, de un puente, de un árbol y sentir que no llego nunca a tocarte. Como si escondieras una parte de vos, frágil tesoro que desde mi lado se ve como un muro y no me deja tocarte, no me deja.


miércoles, 25 de mayo de 2011

El sonido a no sonido de tu voz debajo de la lluvia y la distorsión de las formas de tus ojos que dentro de mi habitación son sólidos y concretos pero por debajo de la llovizna se ven frágiles, rompibles. Me imagino tirándonos boca arriba en la vereda mojada. Sentir la liviandad del agua caer sobre nosotros, los autos pasar. El pelo como algas marinas, todo sucede en una vereda de barrio Martin, una ciudad. El lugar en donde cae el diluvio que golpea los edificios, que golpea los comercios cerrados, que golpea tu cuerpo a veces de telgopor, a veces de Olimpo. Hay que tomar un té caliente y aspirinas al llegar, escurrir bien las ropas, escapar de la humedad, dejar caer los pensamientos.

domingo, 20 de marzo de 2011


Añadir vídeoEl mercado de la Rambla Catalunya. La Avenida Carrasco estaba llena de puestos de artistas. La cita con el empezó en alguna esquina de la Florida. La luna en la cara, el viento con olor a río, el estomago con arroz y alverjas. Caminamos como nómades indígenas costeando el Paraná. Nos sentamos sobre el filo del río, sobre un mate lavado, sobre un pavimento inmóvil. Nos deconstruimos en miradas, en guiños imperceptibles. Aceptamos bajo los rayos de la luna las camufladas señas: para el resto fuimos dos amigos disfrutando la noche, para nosotros un secreto de sabanas, una especie de miedo que terminaba en una falsa amistad sobre el muelle. Un precario juego de verdad y consecuencia, un brillo que partía de sus ojos oscuros reflejando el puente, que me miraban y enternecían.

martes, 23 de noviembre de 2010



No tengo ganas de andar quemándome la cabeza con ningún touch casual, pero esta vez la conexión fue directa: corazón y alcohol soldándose con absoluta perversidad, con el único objetivo de terminar levantándolo de la tarima de la disco y arrastrarlo hasta el fin de la noche.

El, que bailaba sobre los parlante Lady Gaga con la misma pasión que yo escucho a Roger Waters, acabo por complotarse con la soldadura corazón-alcohol para volarme la cabeza. El, con toda su fragilidad de caramelos Billiken, liquido su inocencia de púber para eludir mi fracasado intento de putodiscreto y arrancarme los labios en el medio de la pista.

Con el corazón al palo producto del Speed (y no del amor) vino el resto: caminar por la calle, con el sol en la cara, exhibiendo una performance de homosexualidad que alteraba a las viejas de barrio Martin que salían a baldear la vereda.

Y a ese principio frenético y casual lo esperaba un opuesto final de café con leche y resaca matinal. Hermoso fast food de adolescente y de discoteca que según mi cabeza no debo comer otra vez. Pero que importa la cabeza cuando el corazón decide tomarlo todo y avanzar sobre estas ganas de volverlo a ver, sabiendo, por experiencia, que no es lo que busco y que me volveré a lastimar. Corazón: otra vez todo va a ser culpa tuya.