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jueves, 24 de mayo de 2012










Me gustaría tener sus ojos acá, su pecho acá, sus brazos acá. Sentarnos en el suelo en pose india y tener su cabeza sobre mis piernas. Dejar que el viento nos despeine, ver como se enmaraña la tierra entre sus rulos revueltos de tarde.
Sentirnos aborígenes con nuestros pies descalzos sobre el pasto. Toda la ciudad atrás, ya distante. Pensarnos salvajes lejos de los taxis y los colectivos y la gente, sobre un parque de sutil arquitectura neo.  Vernos como analfabetos liberados de las burocracias de las civilizaciones, mientras nos miramos y caemos en una cursilería de gestos, de pequeñas miradas cómplices; sumergidos en un pedacito de verde perdido entre tanto urbanismo enardecido.
Enredar mis dedos en sus pelos, ver como se anudan mis manos en sus rulos, sentirme atrapado, que él me reclame que lo suelte. Todo irá sucediendo mientras esa señora pasea al perro, ese rio crecido trae ramas, este árbol se desprende de una hoja. 

domingo, 29 de enero de 2012


Te dibujas como caricaturas de pájaros en el cielo. Mientras yo quedo entregado al encuentro con ese otro que no sos vos pero es terriblemente hermoso, una belleza que duele. Y seguramente iremos a mi casa y tomaremos café en taza grande. Y como está nublado y seguramente llueva escucharemos desde mi cama los truenos que no nos darán miedo y sobre el final de la lluvia y de ese amor de tardecita me agarrara complejo de Heidi y quisiera preguntar: "¿Por qué las hojas de los árboles se ven tan verdes?", pero no, ni la llovizna tenue ni las caricaturas de pájaros en mi cabeza me van a llevar a una cursilería tan extrema. Y mientras imagino todo eso, sigo en la barranca esperando su encuentro.

domingo, 20 de marzo de 2011


Añadir vídeoEl mercado de la Rambla Catalunya. La Avenida Carrasco estaba llena de puestos de artistas. La cita con el empezó en alguna esquina de la Florida. La luna en la cara, el viento con olor a río, el estomago con arroz y alverjas. Caminamos como nómades indígenas costeando el Paraná. Nos sentamos sobre el filo del río, sobre un mate lavado, sobre un pavimento inmóvil. Nos deconstruimos en miradas, en guiños imperceptibles. Aceptamos bajo los rayos de la luna las camufladas señas: para el resto fuimos dos amigos disfrutando la noche, para nosotros un secreto de sabanas, una especie de miedo que terminaba en una falsa amistad sobre el muelle. Un precario juego de verdad y consecuencia, un brillo que partía de sus ojos oscuros reflejando el puente, que me miraban y enternecían.