sábado, 28 de enero de 2012


Ellos estan bronceados siempre, de pelo tan lacio que se les sospecha planchita, se refieren a Nueva York con naturalidad, como si dijeran “el otro día en Funes”. En sus deptos de sutiles líneas Neo tienen un plasma de tantas pulgadas que te cagas encima. Para ellos “pensar” es un bonus track, no necesita hacerlo para sobrevivir: cada gramo del capitalismo está hecho para ellos. Tienen un devenir prefabricado y caminan por el microcentro sueltos de conflictos, con una liviandad de paloma y su rubio 230 de keleston en los pelos. Ellos son los Emilianos, yo los miro desde su somier y pienso que si seria así no soportaría muchos domingos más.

lunes, 10 de octubre de 2011


Como el viento de la rivera que se rompe en la copa de los arboles, es el sonido que busca la mente mientras intenta no pensar. Y enciendo un cigarrillo que larga líneas de colores mientras percibo, como una revelación de lo microscópico “acá estoy”, en distintos lugares de mí, de diversas formas, de variadas maneras acá estoy. Y sin querer otra vez el suelo se hace cielo.

viernes, 26 de agosto de 2011



Me siento Splinter. Solo porque te rechace por llevar en la cabeza una tintura rubia “Pro”, para nada de mi gusto. Y confieso que me gustaría caminar hasta mi casa por las alcantarillas con ese otro de rostro morochito incorruptible que se fue en moto hasta la periferia de la luna. Ah! Barrio Martin con todo su facho esplendor!

sábado, 20 de agosto de 2011

No puedo librarme de la idea que los recuerdos no son un movimiento, una secuencia, una cinematografía. Si no que son imágenes fijas en la psiquis

Ahora te cruzo en esos espacios donde antes estuvimos en otra forma. Ahora nos disponemos a conocer un nuevo modo de interrelación entre nosotros. Decaí sobre esta nueva noción de nuestro espacio una manera diferente de mirarnos. Reflejémonos sin recordar nada. Lo anterior son solo imágenes fijas perdidas en un punto cualquiera de mi estructura síquica, una ligera noción de haber estado aquí alguna vez de algún otro modo. Puede haber memoria sin monumentalidad: una memoria de lo microscópico, lo ridículo, lo ínfimo. En esa memoria te quiero guardar, una memoria de lo espontaneo, de las cosas simples, una memoria donde no entran héroes ni tumbas.

jueves, 11 de agosto de 2011


Saltar y caer, no suspenderse. La punta de los dedos sucios con azúcar. Los ojos como de vidrio. Tengo una fotografía en la que aparezco yo niño andando en triciclo todo sonrisas. Un vientito por la ventana. El día esta lindo. El único Phillip de la tarde. Me queme los labios con la tasita caliente de café. No hay videos, si no imágenes fijas. Cosas así, a la espera de lo que vendrá.

jueves, 4 de agosto de 2011


Ayer andaba suelto de nuevo por plaza Montenegro y esa cosa de cielo nublado y pájaros volando con todo ese olor a azufre que hay en el aire antes de que se largue la lluvia, me daba una sensación como de resaca dominical, de somnolencia, un alivio como de nieve, de pequeño deyabú. Y entonces pase por el local de revistas y compre la que me gusta leer cada tanto, cuando necesito volver a mis vicios tabúes, refugiarme en los objetos, volver a un terreno polivalente e incomunicable.

Reconozco que algunos elementos fetiches bohemios-burgueses me gustan, me gusta el café y si es en tasita inglesa mejor, me gustan las revistas de cultura alternativa donde te hacen sentir que entendes Foucault o Shapen solo porque comprendiste lo que Ricardo Coler insinuó al citarlos en la Editorial. Y entonces me siento tan bien… Un pequeño y frágil bienestar en mi pequeña pieza por Barrio Martin. Un ir y venir entre los recuerdos de sus ojos mirándome llenos de discusiones como de palomas o como de amaneceres y la tranquilidad de este terminar de la lluvia. Una paz cómo de pueblo con sospechas de country, de barrio cerrado, de asesino escondiéndose en el altillo. Me gusta darme cuenta que ya no está y que no somos nada. Me gusta poder arrinconarme y mirarlo sin ponerme abatido y sin que de golpe se me termine el suministro de café o desparrame el tarro de azúcar por el piso y que eso me ponga patética y particularmente triste.

Ayer mientras caminaba volví a estar como liviano, volví a ver la gente pasar, a arboles pasar, a paredes pasar, todo por al lado mío, como rosándome. Volví a caer en la pequeña sensación de artificial felicidad que te da entrar a los locales comerciales y consumir esa hermosa producción hecha en serie y expuesta en off. Volví a ser un poquito mi alter ego y un poquito a olvidarme de él, a pensarlo lejos, como en otros aires. Y no, no somos nada.

sábado, 9 de julio de 2011



Cuando Lucas se levanta queda un vacío en el colchón, un agujero en el santuario de los puercos, un aroma a resaca disuelto en medio vaso de agua con tres preservativos usados debajo de la cama.

domingo, 19 de junio de 2011



Todo estaba tan detalladamente planificado, todo se encontraba en aparente orden meticuloso por debajo de mis pelos y sentía que mi felicidad se encontraba tan segura dentro de mi pequeño pack turístico de tres días y dos noches, que no hacía otra cosa que acumular imágenes en mi pequeña Samsung pensando en adornar el box de mi oficina y gritar desde mi nick que estoy disfrutando. Todas mis vacaciones estaban organizadas entorno a lugares comunes, repletos de turistas de culitos contentos que devoraban a gritos su Mc-Alegría. Pero tuve que verte a vos y pum!

lunes, 6 de junio de 2011


A veces te volves todo ojos oscuros brillantes y no sé qué hacer cuando me miras así. No digo nada, nada mas empiezo a besarte. Y hay que ver siempre cómo se escapa la luz del día por atrás de un edificio, de un puente, de un árbol y sentir que no llego nunca a tocarte. Como si escondieras una parte de vos, frágil tesoro que desde mi lado se ve como un muro y no me deja tocarte, no me deja.


viernes, 3 de junio de 2011


Facetas de Lucas. Su costado bijou del mundo: el tirado en una cama sucia, llena de discos de Stan Getz, revistas viejas y papeles arrugados con mano escritos de el y de mi: una compilación de basura, de preservativos usados, de inútil metafísica.


Le gustaría librarse de algunos pensamientos pero es incapaz de hacerlo, un miedo terrible le causa bronco espasmos, un ahogo dulce.


Una vez escribió en una servilleta de papel mientras tomábamos un café por la Avenida Pellegrini que no podía viajar al fin de la noche simplemente por que no había fin, lo que vasto para que después aceptara ir a su pieza por barrio Martin y entrara por primera ves a ese plano de discos, de papeles sueltos, de cama desecha, de habitación húmeda y sin luz. Por primera vez bajar a un cuerpo acabado por la burocracia, enredado entre los escritorios de oficina, un cuerpo lleno de tanto seudo anarquismo enardecido que me pedía a gritos que lo sacara de los escalafones de las ciudades.


Después empezamos a construir un hermoso fracaso del cual nos íbamos enamorando cada vez más, hermoso fracasito parido por nosotros: cócteles de cervezas tibias y fideos recalentados, cigarrillos de marihuana y lecturas de Bauman. Me llevo tiempo entender que la forma en que Lucas ordenaba el mundo no era una forma bohemia, un orden superior del espíritu escapando a todo molde convencional en medio de tantos archivos perfectamente clasificados. Sino que era una búsqueda interminable de su pequeño edén, seguramente mucho más triste que esta habitación vieja y desordenada, que estos restos de comida.


Así es como entre al mundo Lucas, callejuelas y guardillas, alerones de pensamientos estampados contra horarios de oficina, horas extras y sueldos no remunerativos. Noches empapadas de alcohol, de Rira Lee, Sesare Pavesse, de Manray. Pedazos de tristezas y ciudades, fragmentos infinitos que Lucas me entrega como un castillo de arena, dadiva inútil que yo contemplo y la proyecto.